Nuestro origen

    

La Iglesia De Dios Manantiales De Vida Eterna en los Estados Unidos De América nace a causa de la necesidad espiritual de muchos hermanos en Cristo, personas que al verse obligadas a viajar a este país por el bienestar familiar; encontraron el sustento para ellos y sus familias. Sin embargo había una necesidad que cubrir y esta era la de su alma, pues muchos al verse sedientos y deseosos de escuchar la palabra de Dios fueron engañados por falsas doctrinas que negaban la eficacia de la palabra de Dios y tergiversaban la fe Cristiana.

En dicha situación la mano de Dios siempre estuvo al cuidado de sus escogidos  y fue preparando el campo de almas para realizar su obra de redención hacia todos los dispersos de su pueblo en este país. Poco a poco Dios fue enviando hombres de convicción y leales que aunque no sabían su verdadero propósito al viajar a este país tan lleno de apostasía y falsedades; fueron llamados uno a uno a predicar la verdadera doctrina de Dios y el perdón.

Las almas dispersas fueron juntándose de todos los lugares, algunos fueron movidos de costa a costa para realizar el plan de Dios. Poco a poco y con mucho trabajo comenzó a florecer un ministerio, nació una obra, se fundó una iglesia y se predicaba palabra santa de Dios. Muchas almas aceptaron, otras renovaron pacto recordando el llamamiento de Dios. Se forjaron lazos de amor, amistad y fraternidad entre todas las almas llamadas a servir a Dios en este ministerio y fue así como por el amor a Dios y a las almas la primera Iglesia De Dios Manantiales De Vida Eterna formo la principal resistencia contra el enemigo de nuestra alma, arrebatando vidas para el reino de Dios y llevando a cabo la Gran Comisión que nos dejó nuestro Maestro.

Han pasado muchos años y la lucha se acrecienta cada día más. Aprovechando  los medios que también el enemigo usa en nuestra contra hemos fortalecido nuestro arsenal para la lucha espiritual.   Entramos en la mayor red de comunicación; la internet. Y desde aquí nos disponemos a edificar almas y restaurar vidas con la consigna de no retroceder jamás.